Estrecho de Ormuz: Sin darse cuenta, Irán se está quedando sin su tradicional arma geopolítica
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Irán podría estar perdiendo (quizá lo ha hecho ya) una de sus armas económicas más poderosas… el control del estrecho de Ormuz y poniendo en riesgo la relevancia económica de este accidente geográfico. Por un lado, el creciente flujo de petróleo que atraviesa esta arteria es la prueba de ello.
Durante meses, Irán ha utilizado su capacidad para interrumpir el tráfico marítimo en este paso estratégico como instrumento de presión sobre Washington y sus vecinos del golfo Pérsico, amenazando con estrangular el suministro mundial de petróleo y disparar los precios de la energía. Sin embargo, algo está cambiando. Pese a que los ataques iraníes contra petroleros se han intensificado durante las últimas semanas, el volumen de crudo que sale de Oriente Medio ya supera los niveles anteriores al estallido de la guerra.
Por ese lado, Irán ha perdido el control de Ormuz, su arma más valiosa. Sin embargo, hay otro aspecto, quizá más relevante en el largo plazo: el intento de Irán por torpedear a EEUU y Occidente, Ormuz se ha convertido en lugar transitable pero muy peligroso, lo que podría terminar reduciendo la relevancia de esta arteria (cada vez hay más alternativas), dejando a Irán sin una de sus tradicionales armas geopolíticas. Irán está perdiendo Ormuz sin darse cuenta y podría ser para siempre.
El petróleo ahora cotiza con una prima de riesgo que ronda los 20-30 dólares por barril, dado el riesgo que supone sacar el crudo de Oriente Medio. El crudo fluye en grandes cantidades, pero a precios muy elevados. Mientras que los países del Golfo buscan alternativas, el ‘oro negro’ seguirá atravesando Ormuz… pero sus días podrían estar contados.
Según los datos de Kpler recogidos por The Wall Street Journal, los flujos de petróleo de la región, incluyendo tanto los cargamentos que atraviesan Ormuz como los que utilizan rutas alternativas, superaron los 24 millones de barriles diarios de media durante la semana terminada el 18 de octubre, frente a los 23,3 millones anteriores al conflicto. Había mucho crudo atascado de semanas de un tránsito cuando menos irregular, pero el denso flujo de petróleo que está navegando por las aguas de Oriente Medio es síntoma de la menor capacidad de Teherán para utilizar el estrecho como rehén de la economía mundial.
No obstante, conviene distinguir entre el petróleo que sale del conjunto del golfo Pérsico y el que atraviesa directamente el estrecho. Los datos preliminares de Kpler apuntan a que los flujos por Ormuz, incluyendo los transbordos realizados frente a las costas de Omán, alcanzaron unos 14 millones de barriles diarios durante esa misma semana, equivalentes al 82% de los niveles anteriores a la guerra. Es decir, Irán todavía consigue obstaculizar una parte importante del tráfico marítimo, pero ya no logra paralizarlo como pretendía.
La recuperación de los flujos de petróleo a través del estrecho de Ormuz y de Oriente Medio en general empieza a poner en evidencia los límites del poder de Irán para controlar el comercio energético mundial. Joel Hancock, analista del banco de inversión Natixis, señala en un informe publicado hace unas horas que destaca que esta recuperación se ha producido en unas circunstancias especialmente adversas, con la Guardia Revolucionaria iraní intensificando sus ataques contra el corredor marítimo próximo a Omán. El resultado es lo que Natixis define como un «equilibrio de elevados volúmenes y altos costes», en el que los productores han conseguido desarrollar un sistema de transporte alternativo basado en petroleros que realizan trayectos cortos y transfieren sus cargamentos a otros buques fuera del estrecho.
La entidad francesa sentencia que «se están normalizando los volúmenes, pero no necesariamente la logística». En otras palabras, Irán conserva capacidad para amenazar a los petroleros, pero está perdiendo parte de su capacidad para impedir que el petróleo llegue a los mercados internacionales.
Alternativas cada vez más reales
Una de las claves del éxito en la vida está en la flexibilidad y la adaptación, todo hace indicar que el mercado de petróleo ha sido más dúctil de lo que Irán creía. El verdadero cambio, más que en el mercado (ese ente abstracto), se encuentra en la capacidad de adaptación de los países exportadores y de las compañías navieras (los agentes que ponen cara a ese mercado), que han desarrollado un sistema de transporte capaz de mantener en funcionamiento el comercio petrolero incluso bajo la amenaza de drones y misiles. Arabia Saudí ha sido capaz de redireccionar su enorme chorro de petróleo en poco tiempo. Antes, el chorro de crudo saudí apuntaba directo a Ormuz, ahora apunta en la dirección opuesta gracias a su enorme oleoducto Este-Oeste.
«La visión general es que el sistema para transportar petróleo a través de un estrecho de Ormuz peligroso ya está bien establecido y que ha aumentado la disposición a asumir riesgos de quienes participan en las exportaciones», explica Hamad Hussain, economista sénior especializado en materias primas de Capital Economics, al diario estadounidense. En otras palabras, el estrecho sigue siendo peligroso, pero el miedo está dejando de ser suficiente para detener a los petroleros.
Una parte fundamental de esta resistencia se explica por la reorganización de las rutas de exportación. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han incrementado la utilización de sus oleoductos para transportar crudo hacia terminales situadas fuera del estrecho de Ormuz, reduciendo así su dependencia del paso marítimo controlado parcialmente por Irán. En septiembre, aproximadamente, el 40% del petróleo no iraní exportado desde el golfo Pérsico evitó atravesar Ormuz, frente al 17% que lo hacía antes de la guerra, según los datos de Kpler. Este desplazamiento del comercio energético permite que una parte creciente de la producción llegue a los mercados internacionales sin exponerse directamente a los ataques iraníes.
Mientras que sus vecinos encuentran alternativas para mantener abiertas sus exportaciones, Irán afronta una situación mucho más complicada. El bloqueo marítio estadounidense está restringuiendo sus propias ventas de petróleo. Se produce así una inversión de la estrategia inicial de Teherán, que había amenazado con impedir las exportaciones de sus vecinos si no podía vender su propio crudo. Ahora, son precisamente esos países los que están consiguiendo sortear buena parte del bloqueo.
Pero el fenómeno más sorprendente se está produciendo dentro del propio estrecho. Bajo la protección aérea de EEUU, los operadores han improvisado un sistema de transporte mediante trayectos cortos que reduce el tiempo de exposición de los grandes petroleros a los ataques. Los buques entran en el golfo Pérsico, cargan petróleo en las terminales de los países productores y atraviesan Ormuz, en ocasiones con sus sistemas de identificación desconectados. Posteriormente, se detienen frente a las costas de Omán para transferir el cargamento a otros petroleros que continúan hacia los mercados internacionales, mientras los primeros regresan al golfo para repetir la operación.
Esta especie de puente marítimo permite utilizar los mismos barcos para realizar múltiples travesías por la zona de mayor peligro, sin necesidad de que completen viajes de miles de kilómetros hasta Asia o Europa. El resultado es una flota cada vez más experimentada y especializada en operar en condiciones de guerra, que ha conseguido mantener el petróleo en movimiento pese a los esfuerzos de Irán por interrumpirlo.
Un analista que desde primera hora ha defendido la doble estrategia de EEUU es Robin Brooks. El estratega independiente y ex de Goldman Sachs fue el primero que defendió el bloqueo de EEUU a los puertos iraníes para cortar sus exportaciones de petróleo como primera medida disuasoria. Cuando el consenso de analistas cuestionaba esta iniciativa, Brooks defendió que era el primer paso para debilitar a un Irán que no tardaría en experimentar asfixia económica. La otra pata del plan sería esa escolta militar de la Armada de EEUU a petroleros con carga no iraní que permitiría restablecer los flujos poco a poco. Todo mientras Teherán vería cómo se anulaba su actividad comercial y se depreciaría su moneda: el rial.
El tiempo parece haberle dado gran parte de razón a Brooks, quien sigue insistiendo en que los sustos puntuales no cambian la dinámica de fondo, razón por la que, insiste repetidamente, el petróleo no ha despegado de momento hacia los 150 dólares. «Mi visión optimista sobre los precios del petróleo se ha puesto a prueba repetidamente. El último impacto fue el ataque al oleoducto Este-Oeste (de Arabia Saudí), que disparó los precios del petróleo, provocando el pánico en los mercados. Sin embargo, este pánico pasó por alto que Irán ha estado perdiendo el control del estrecho de Ormuz gracias a que EEUU ha guiado convoyes de petroleros fuera del golfo Pérsico».
Como resultado, continúa Brooks, las exportaciones de petróleo desde el golfo Pérsico han aumentado drásticamente, incluso con Irán completamente bloqueado. «A medida que se disipa el pánico, los mercados comprenden mejor la magnitud de la pérdida de control de Irán sobre el estrecho, lo que debería reducir la probabilidad de futuros repuntes», explica en uno de sus últimos análisis en Substack.
Para Marko Papic, estratega jefe de BCA Research, la situación presenta más matices. En su opinión, la multiplicación repentina de ataques por parte de Irán, especialmente a buques, en la primera mitad del mes obedece a lo que él considera un intento de Teherán por dar un «susto de octubre» que eleve de nuevo los precios del petróleo y perjudique a Donald Trump de cara a las elecciones de mitad de mandato de EEUU en noviembre. Para el estratega, esto demuestra a las claras que Irán (especialmente su combativa y poderosa Guardia Revolucionaria) cuenta con distintas «marchas» en su nivel de agresividad, y que durante los últimos meses había estado operando en «punto muerto».
Sin embargo, aunque esa premisa contemple que Irán puede encender de nuevo la ‘chispa’ cuando quiera, también apareja una inherente debilidad. «Si la Guardia Revolucionaria está admitiendo, en esencia, que está empleando todos sus recursos contra el aumento del tráfico marítimo, más le vale que la operación tenga éxito. Cualquier indicio de que sus esfuerzos son ineficaces podría interpretarse como una señal de debilidad y alentar a la administración Trump a mantener el bloqueo de los puertos iraníes». Más pesimistas que Brooks, Papic cree que esto podría derivar en dos escenarios: una capitulación total o -tal como Teherán parece haber advertido ya- un giro hacia el despliegue de tropas terrestres en países vecinos, lo que ampliaría considerablemente el conflicto. La posibilidad de que se produzca esta segunda opción está disparando el precio del petróleo hasta los 114 dólares en el caso del Brent.
Ormuz podría caer en la irrelevancia
Para otros expertos, la pérdida de influencia de Irán es algo a más largo plazo y nace de la premisa de que un Ormuz intransitable o lleno de obstáculos acabará convirtiéndole en prescindible. «La cuestión relevante para la estrategia estadounidense no es si el cierre de Ormuz resulta doloroso. Lo es. La cuestión es si ese dolor es, desde el punto de vista estratégico, más soportable que las concesiones que Teherán espera obtener a cambio de ponerle fin», centra el tiro Landon Derentz, vicepresidente de energía e infraestructura del Atlantic Council.
Lo cierto es que los mercados energéticos funcionan ‘a su manera’ y estos meses han vuelto a demostrar una gran capacidad de adaptación. Y en este sentido, apostilla Derentz, «cada día que Ormuz permanece cerrado, su importancia disminuye». Este proceso ya está en marcha, certifica el analista: las importaciones chinas de crudo han caído, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos están sacando el máximo partido a los oleoductos existentes y acelerando la construcción de nuevas infraestructuras y los países socios de la AIE han recurrido a las reservas estratégicas de petróleo para amortiguar las perturbaciones.
Desde la óptica estadounidense, el objetivo no debería ser simplemente reabrir el estrecho de Ormuz, sino más bien construir un sistema energético en el que su cierre tenga mucha menos importancia, insiste el estratega del Atlantic Council. «El objetivo estratégico no es sustituir diez millones de barriles de la noche a la mañana. Se trata de reducir de forma constante el valor marginal de la ventaja geográfica de Irán», resuelve Derentz.