España rebasa barrera de los 35 millones de personas que están trabajando o buscando activamente empleo
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España acaba de rebasar la barrera de los 35 millones de personas que están trabajando o que buscan de forma activa un empleo, las que conforman la población activa. Este récord se da en un contexto de empleo récord, con más de 22 millones de trabajadores y en el que el desempleo, pese a los vaivenes estacionales se mantiene por debajo de los tres millones y en niveles previos a 2008. Este resultado se debe a que el crecimiento de la población ha coincidido con un tirón de empleo (que no de las horas trabajas) que ha evitado que engrosen las listas de paro, si bien, España el mercado de trabajo español encara el reto de mantener esta capacidad de absorber los flujos migratorios.
La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) espera que el país reciba una media de 600.000 personas extranjeras al año hasta 2028, tras un ciclo en el que el número de llegadas ha superado las previsiones arrojadas por los principales organismos y centros de estudios año tras año. Después, los flujos se moderarían hasta una media de 400.000 entradas por ejercicio, un nivel que sigue siendo muy elevado y que estaría condicionado al mantenimiento de la política migratoria abierta, pero también a factores como el acceso a la vivienda, que podría restar atractivo al país.
El organismo que preside Inés Olóndriz estima que este volumen de inmigración neta hará que a finales de esta década haya cerca de 40 millones de personas en edad de trabajar (39,7) millones, una cifra que la AIReF ha revisado esta misma semana tras constatar que los flujos migratorios superaron en 185.000 personas su previsión para 2025, en concreto, han sumado 1,1 millones de personas a la estimación de la población activa (que miden por el número de personas con edades comprendidas entre los 15 y los 74 años) para 2030. Una revisión que usan para mejorar al alza su pronóstico de crecimiento de la economía española para los próximos dos años, al 2% y el 1,9%.
Desde 2022, la incorporación de mano de obra extranjera ha sido clave para la economía española, hasta el punto de explicar la mitad del crecimiento del PIB en los últimos tres años, según Funcas, o el 40% de acuerdo con las estimaciones publicadas por BBVA Research. La explicación es que estas personas han permitido cubrir las demandas de trabajadores de las empresas y ampliar la población activa, ensanchando el potencial productivo del país en unos años en los que el crecimiento de la productividad ha venido dada por aumentos del empleo y no en lo producido por cada trabajador.
Los trabajadores extranjeros son en promedio más jóvenes que los españoles, en un contexto de envejecimiento progresivo de las plantillas, sin embargo, las personas que llegaron al inicio de los 2000 siguen en el mismo patrón que los nacionales, dado que ahora tienen entre 40 y 55 años y comenzarán a acceder a la jubilación a partir de la próxima década. Precisamente, esta semana Funcas ha publicado un trabbajo en el que advertía sobre la limitada capacidad de la inmigración de «rejuvenecer» el conjunto de la población española, en tanto que la segunda generación no tendrá más hijos que los españoles e incluso podrían tener menos al final de su vida fértil.
A la espera de ver cómo se produce la transición de los inmigrantes que se regularizarán en los próximos meses al empleo regular, en los próximos años, el país tendrá que ser capaz de dar empleo a las personas que sigan llegando y mantenerse como destino atractivo ante el cambio de factores que están propiciando que se dirijan a España y no a otros países del entorno, más allá de la ventaja respecto a Latinoamérica frente a otros países por el idioma. La AIReF ha señalado la productividad como uno de los elementos que podrían jugar en contra, en tanto que su escaso crecimiento limita el avance del PIB y con él, la capacidad de ofrecer buenos salarios y condiciones de vida.