La molienda de soja en marzo de 2026 llegó a 384.126 toneladas, este es el mayor volumen mensual que se haya conseguido en los últimos años -el último registro superior es de marzo del 2017- reflejando el buen momento de la actividad industrial. Al cierre del primer trimestre del año se registró un procesamiento de 765.677 toneladas, lo que representa un incremento de casi 65 mil toneladas respecto al mismo periodo del 2025, equivalente a un crecimiento del 9,3%.

En cuanto a la molienda de otros granos (como la canola y el girasol) se experimentó un dinamismo aún mayor, con un aumento del 11,9%, pasando de 16.966 a 18.985 toneladas.

Luego de que las condiciones externas favorables del año pasado permitieran romper un patrón de muy baja utilización de la capacidad instalada que se venía registrando en la molienda entre 2020 y 2024, el sostenimiento de este contexto, sumado a la estimación de una cosecha récord, permite iniciar el 2026 con niveles de procesamiento elevados y con expectativas claras de continuar superando los registros pasados.

Con políticas públicas orientadas al desarrollo industrial, no solo sería posible capitalizar los contextos favorables, sino también mitigar la volatilidad y dotar de mayor estabilidad al sector. Esto permitiría fortalecer el desempeño exportador mediante una oferta con mayor valor agregado y garantizar el abastecimiento de insumos clave para otras industrias nacionales

Utilización crece y se ubica en 66%

El muy buen nivel de procesamiento registrado en el mes de marzo llevó a que la utilización de la capacidad instalada acumulada mejore con relación a lo conseguido al cierre del primer bimestre, alcanzando el 66%.

Esta utilización es igual a la que se había conseguido en los primeros tres meses del 2025, lo que se explica por el crecimiento de la capacidad instalada, tanto por nuevas fábricas activas y la reactivación de otras.

De esta forma, la mayor molienda del periodo compensó el crecimiento del potencial procesador.

En línea con el desempeño alcanzado, la aspiración es sostener esta dinámica positiva y avanzar progresivamente hacia su máximo potencial. El objetivo es claro: acercarse al 100% de utilización, consolidando al sector industrial como un motor clave del desarrollo.

Complejo soja dinamiza al país: ingreso de divisas creció 40%

El ingreso de divisas generado por la venta al extranjero de productos del complejo soja, se ubicó en US$ 1.443,47 millones, al cierre del primer trimestre, lo que representa un incremento del 40% con relación al mismo periodo del 2025.

Gracias a este buen resultado, el sector fue responsable del 45% del valor total de las exportaciones registradas en este periodo, un incremento de 7 puntos porcentuales con relación a lo que se había conseguido en el primer trimestre del año pasado.

Esta variación responde a una mayor dinámica en la salida, tanto del poroto de soja en estado natural como productos de la industrialización del grano, acompañada de una leve mejora en los precios, especialmente en el aceite.

En lo que queda del año será clave monitorear la evolución de la molienda, ya que, de concretarse las perspectivas favorables, el aumento en el ingreso de divisas podría ser aún más significativo, impulsado por la mayor disponibilidad de productos con valor agregado.

Productos industrializados ayudan a apuntalar buen desempeño

En el primer trimestre del año, las exportaciones de productos derivados de la soja —aceite, harina y cascarilla— generaron divisas por US$ 287,09 millones, lo que representa un crecimiento interanual del 32%, evidenciando una sólida expansión del segmento con mayor valor agregado.

La participación de la industria en los ingresos del complejo soja alcanzó el 20% en el primer trimestre, una variación de -1 punto porcentual respecto al 2025.

Esta última situación se debe a un mayor dinamismo en el ritmo de salida de cargamentos de soja en estado natural, algo habitual para este periodo de la campaña agrícola.

Cabe destacar la mejora en el precio del aceite de soja -por el crecimiento en la demanda para biodiésel- que impulsó un incremento del 36% en el ingreso de divisas, más del doble del crecimiento registrado en el volumen exportado, que avanzó un 17% en el mismo periodo.

Capacidad industrial se eleva a 4,77 millones de toneladas anuales

El año pasado uno de los principales logros de la agroindustria fue la ampliación de la capacidad instalada en Paraguay, mediante la reapertura de la molienda de CAHPSA y la inauguración de la planta de Pioneros del Chaco, ambas asociadas a la CAPPRO.

Con un año completo de operación por delante, la capacidad de procesamiento para 2026 se elevó a 4,77 millones de toneladas anuales. En este contexto, se destaca el primer año de operación plena de Pioneros del Chaco, que incorpora la primera industria procesadora de oleaginosas en la Región Occidental, con una capacidad de 750 toneladas por día.

Esto, además de incrementar la capacidad total de agregación de valor, impulsa el desarrollo regional.

La evolución del sector confirma que, cuando se generan las condiciones adecuadas, la inversión responde, consolidando y expandiendo la capacidad industrial del país.

Buen desempeño de productos agroindustriales abre oportunidades externas, pero también locales

El gran desempeño reciente de las exportaciones de productos agroindustriales, en especial el de aceite de soja, demuestra con claridad cómo los cambios en el contexto internacional pueden abrir nuevas oportunidades para países con una base productiva sólida como Paraguay.

En particular, el aumento de los precios internacionales de este producto, impulsado en gran medida por su creciente utilización como insumo para la producción de biodiésel, pone de relieve el valor estratégico de avanzar en la industrialización de las materias primas.

En un escenario global marcado por conflictos regionales, tensiones geopolíticas y disrupciones en las cadenas de suministro energético, la demanda por fuentes alternativas de energía ha cobrado un renovado protagonismo.

En el contexto actual, el aceite de soja gana relevancia como componente clave en la transición hacia matrices energéticas más resilientes. Para Paraguay, esta coyuntura representa una oportunidad concreta de capturar mayor valor a través del procesamiento local de la soja. Al mismo tiempo, este escenario tiene una relevancia estratégica a nivel interno, Paraguay es importador neto de combustibles, lo que implica una exposición directa a la volatilidad de los precios internacionales de la energía.

En estas circunstancias, el desarrollo del biodiésel no solo representa una oportunidad de exportación, sino también una herramienta para mejorar la seguridad energética, diversificar la matriz de consumo y reducir la dependencia externa. Sin embargo, aprovechar plenamente este contexto favorable no es automático; requiere de condiciones internas que acompañen y potencien el esfuerzo del sector productivo.

En este sentido, el diseño de un marco de incentivos para los biocombustibles que contemple a todos los actores de la cadena —desde la producción primaria hasta la industrialización y el consumo— será determinante para transformar el potencial en una realidad concreta.

La competitividad de la industria, la estabilidad de las reglas de juego y la previsibilidad para la inversión son factores clave en este proceso.

Así, el desafío es claro: transformar un contexto internacional favorable en una ventaja estructural de largo plazo.

Para ello, será clave avanzar en una agenda que promueva la industrialización, reduzca las distorsiones y permita posicionar al país no solo como un productor eficiente de materias |primas, sino como un actor relevante en cadenas de valor más complejas y dinámicas

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