La soja vuelve a demostrar porqué es el principal cultivo de exportación del Paraguay. Gracias a la campaña 2025/2026 marcada por por buenos rendimientos y condiciones climáticas favorables (aproximadamente 12.500.000 toneladas), el país alcanzó un récord de más de 5.000.000 de toneladas de soja exportadas en los primeros cinco meses del año.

De esta manera, la oleaginosa consolida al sector agrícola como uno de los grandes impulsores de la economía nacional. Entre enero y mayo fueron enviadas al exterior 5.047.373.

toneladas de soja en grano, un crecimiento cercano al 42 % con relación al mismo período del año anterior. Este desempeño permitió generar casi USD 2.000 millones en exportaciones del grano y, al sumar las ventas de aceite y pellets, el complejo sojero superó los USD 2.490 millones en ingresos de divisas para el país.

Estos resultados son el reflejo del trabajo de miles de productores que, campaña tras campaña, apuestan por la innovación, el uso de tecnologías y las buenas prácticas agrícolas para mejorar la productividad y responder a las exigencias de los mercados internacionales, destacaron desde la Unión de Gremios de la Producción (UGP).

Además de fortalecer la balanza comercial, la soja dinamiza toda la cadena agroindustrial, desde el transporte y la logística hasta la industria aceitera y los servicios vinculados al sector, generando empleo y movimiento económico en las principales regiones productivas.

Con una producción que volvió a superar las expectativas y mercados internacionales con una demanda sostenida, las perspectivas para el sector siguen siendo alentadoras. Mientras los productores comienzan a planificar la próxima siembra, el desempeño de esta campaña confirma, una vez más, que el agro continúa siendo uno de los pilares fundamentales del desarrollo económico del Paraguay.

Comercio internacional

“La evaluación europea a la soja no reflejaba 02 la realidad de Paraguay», dijo exministro de Agricultura y Ganadería, Santiago Bertoni. El sector agropecuario nacional y regional celebra la medida del Parlamento Europeo que puso freno a la clasificación de la soja como materia prima de alto riesgo ambiental, destacando que la reglamentación conocida por sus siglas en inglés (ILUC), no contemplaba las realidades productivas ni los avances en sostenibilidad alcanzados por nuestro país.

Así lo sostuvo el ex secretario de Estado, al recordar que una de las principales preocupaciones del sector era que la soja fuera evaluada como una materia prima global, sin diferenciar el desempeño ambiental de cada país o región.

«Siempre nos preocupó el hecho de que clasificaban a la soja como materia prima global sin tener en cuenta las realidades de producción y los esfuerzos que hace cada país en cuanto a sostenibilidad. En Paraguay la soja está desacoplada de la deforestación desde hace más de 20 años y eso se puede demostrar superponiendo los mapas de deforestación con los de expansión del cultivo», afirmó.

El exministro destacó que, tras la implementación de las normativas de protección de los bosques en la Región Oriental, la expansión del cultivo de soja dejó de estar vinculada a procesos de deforestación, un aspecto que, a su criterio, no era reconocido por la reglamentación europea.

Crisis energética europea
Consultado sobre las razones que llevaron a la Comisión Europea a frenar la normativa, Bertoni señaló que el contexto energético que atraviesa Europa tuvo un peso determinante.

Explicó que la estrategia europea de cambiar su matriz energética (dependiendo en mayor medida del gas natural ruso), quedó debilitada tras la guerra entre Rusia y Ucrania, lo que elevó significativamente los costos.

En ese escenario, sostuvo que el aceite de soja se convirtió en una materia prima estratégica para sostener la expansión de los biocombustibles.

«La industria europea es consciente de que sacar a la soja implicaría enormes sobrecostos. Por eso considero que esas presiones contribuyeron a que finalmente el aceite de soja fuera excluido del riesgo ILUC», opinó.

Reglamentación que mide con la misma vara

Bertoni también cuestionó que la reglamentación europea se basa en indicadores generales sin considerar la situación particular de cada país productor.

Según explicó, esa metodología hubiera obligado a Paraguay a implementar complejos sistemas de trazabilidad y mayores exigencias administrativas para demostrar que su producción no está asociada a la deforestación, pese a los avances ya alcanzados en materia ambiental.

Advirtió que esos nuevos requisitos no solo incrementarían los costos para toda la cadena productiva, sino que afectarían especialmente a los pequeños productores.

Para el exministro, el reconocimiento de las diferencias entre los países productores constituye un paso importante hacia regulaciones más equilibradas, que contemplen tanto los objetivos ambientales como la realidad de los sistemas productivos y el esfuerzo realizado por naciones como Paraguay en materia de sostenibilidad.

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