Los brotes de COVID-19 y las restricciones a la movilidad enmarcadas en la estrategia COVID cero de las autoridades han perturbado amplia y gravemente la actividad económica.

En Shanghái, uno de los principales centros de distribución de la cadena de suministro mundial, se decretó en abril de 2022 un confinamiento estricto que obligó a detener toda la actividad económica en la ciudad durante aproximadamente ocho semanas.

Según una actualización de perspectivas de la economía mundial del Fondo Monetario Internacional (FMI), en el segundo trimestre, el PIB real se contrajo significativamente, 2,6% en cifras secuenciales, en razón del descenso del consumo, que registra la caída más importante desde el primer trimestre de 2020, cuando estalló la pandemia y se redujo 10,3%. Desde entonces, variantes más contagiosas han provocado un aumento preocupante de los casos de COVID-19. El deterioro de la crisis del sector inmobiliario en China también debilita las ventas y la inversión inmobiliaria.

La desaceleración de China acarrea consecuencias mundiales: los confinamientos han agravado los problemas en la cadena de suministro mundial, y la disminución del gasto de los hogares está reduciendo la demanda de bienes y servicios de los socios comerciales de China.

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