En todo el mundo, la evidencia muestra que los jóvenes recurren a medicamentos y sustancias experimentales como alternativas al alcohol.

Según una publicación de la cadena noticiosa BBC, aparecida hoy miércoles 19 de agosto, algunos se presentan en forma de pastillas, como la pregabalina y el propranolol, que toma Matt. Otros se inyectan, como los péptidos sintéticos, un tipo de proteína que se está popularizando cada vez más en internet.

Forma parte de un esfuerzo por mitigar la ansiedad social, que parece afectar especialmente a la Generación Z: más de una cuarta parte (28%) de las personas de veintitantos años en Inglaterra reportan altos niveles de ansiedad, según un estudio publicado el año pasado por el University College London.

El estudio halló que las enfermedades mentales graves son mucho más comunes entre los miembros de la Generación Z que entre los millennials cuando tenían esa misma edad.

Esta tendencia está alarmando a los científicos y los lleva a preguntarse por qué algunos jóvenes sienten que solo pueden socializar con ayuda de sustancias químicas.

La «generación sobria»

La búsqueda de alternativas «más saludables» al consumo de alcohol ha contribuido a crear un nuevo mercado para sustancias que se promocionan en las redes sociales como drogas sociales sin resaca.

Se las considera la «alternativa más limpia y segura», señala Liam Knowles, investigador de adicciones de la Universidad de Teesside.

«Los consumidores no se sienten tan mal al día siguiente y, al ser un medicamento, la gente piensa que es más seguro».

Es difícil saber con exactitud cuántos jóvenes consumen medicamentos recetados y péptidos no regulados para socializar, ya que muchos los obtienen sin receta.

Knowles cree que «probablemente hay una cantidad considerable de personas que se están volviendo adictas».

Los hashtags relacionados con los medicamentos generan miles de videos en las redes sociales, donde se anima a los usuarios a crear su propia combinación de medicamentos, conocida en internet como stacking.

El creciente interés por estas sustancias coincide con un alejamiento cada vez mayor del alcohol entre los adultos jóvenes, lo que ha llevado a que la Generación Z reciba el apodo de la «generación sobria».

Los mismos influencers que promocionan los supuestos beneficios de estas combinaciones de sustancias también recomiendan evitar el alcohol.

Una encuesta realizada el año pasado por la organización benéfica Drinkaware reveló que el 26% de los jóvenes de entre 18 y 24 años en Reino Unido no consumían alcohol, en comparación con el 7% en 2012.

Mientras tanto, la profesora Emily Jones, psicóloga del King’s College de Londres, cree que la pandemia de covid puede haber contribuido al aumento de la ansiedad social, especialmente entre los jóvenes.

«El confinamiento, en la práctica, enseñó a todo el mundo a tener miedo a la interacción social», apunta.

Para los jóvenes que buscan experimentar, la pregabalina se ha convertido en un foco de atención particular.

Un estudio publicado en la revista Nature Communications estimó que el consumo mundial de esta droga se cuadruplicó con creces entre 2008 y 2018.

Al mismo tiempo, también se ha producido un fuerte aumento de las muertes relacionadas con la pregabalina.

Los datos de la Oficina de Estadísticas Nacionales muestran que la pregabalina se mencionó en 2.360 certificados de defunción por intoxicaciones relacionadas con drogas en Inglaterra y Gales entre 2020 y 2024, en comparación con 768 entre 2015 y 2019.

Una de esas víctimas mortales fue Alex Cottam, un ingeniero informático de 27 años de Eccles, descrito por su madre, Michelle, como «encantador, inteligente y popular».

Le habían recetado pregabalina para tratar su ansiedad, pero su madre afirma que «se volvió adicto» y empezó a aumentar su suministro comprando la droga en sitios web ilícitos.

«No puedo evitar pensar cada día que la pregabalina mató a mi hijo», le dijo a la BBC en 2024.

En Inglaterra, la pregabalina fue reclasificada como medicamento controlado de clase C en 2019; quienes la compran sin receta se enfrentan a una pena de prisión de dos años (aunque en la práctica, muy pocas personas son encarceladas).

Sigue recetándose con frecuencia para la epilepsia, el dolor neuropático y la ansiedad. Los asesores independientes sobre drogas del gobierno británico han iniciado una revisión para analizar su uso indebido.

En Jordania, Ucrania e India, los investigadores también han observado un aumento en el abuso de pregabalina.

En China, el gobierno reforzó los controles sobre el fármaco a principios de este año prohibiendo la mayoría de las ventas en línea y estableciendo límites a la cantidad de fármaco que se puede fabricar en cada provincia.

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