Foto ilustración: Ruta para carga inalámbrica.

 

 

La infraestructura sostenible ahora es reconocida como una base esencial para lograr un crecimiento inclusivo y sostenible, cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y alcanzar las metas del Acuerdo de París de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Según un estudio recientemente publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), denominado “Atributos y Marco para la Infraestructura Sostenible”,  el mundo necesita aumentar las inversiones en infraestructura sostenible para hacer frente a grandes déficits en los servicios de infraestructura, especialmente en los mercados emergentes y los países en desarrollo; responder a los cambios estructurales que están en marcha, especialmente la urbanización; y acelerar el reemplazo de la infraestructura antigua y contaminante.

En total, se necesitan alrededor de US$ 90 billones de inversión en infraestructura en todo el mundo entre 2015 y 2030, lo que supera la reserva de capital actual (NCE, 2016). Con esa escala de inversión requerida y la breve oportunidad de detener el cambio climático, no podemos permitirnos quedar atascados con tecnologías contaminantes y capital ineficiente (IPCC, 2018). Tenemos una breve oportunidad de comprender los potenciales beneficios que pueden surgir al hacer el cambio a esta nueva vía de crecimiento y desarrollo sostenible (NCE 2018; OCDE, Banco Mundial y Naciones Unidas para el Medio Ambiente 2018).

Esta urgencia se ve aún más realzada por un presupuesto global de carbono reducido, que es consistente con los compromisos de mantenerse por debajo de 2°C para evitar niveles peligrosos de cambio climático, junto con el hecho de que entre más tarden las emisiones en alcanzar un nivel máximo, más costoso y potencialmente más perjudicial será alcanzar la meta de cero emisiones netas para mediados de siglo. A pesar de la gran importancia de la infraestructura sostenible, la mayoría de los países y el mundo en general no pueden cumplir con la cantidad y la calidad de la inversión necesaria.

Esto refleja dos brechas fundamentales y persistentes. Primero, los países a menudo son incapaces de transformar las tremendas necesidades y oportunidades en una cartera de proyectos concreta, y una proporción significativa de las nuevas inversiones no es tan sostenible como debería ser. Esto se debe a las complejidades inherentes de la inversión en infraestructura (naturaleza de largo plazo, interconexión, impactos sociales y externalidades positivas y negativas) y a los impedimentos políticos e institucionales. Segundo, a pesar de la gran cantidad de ahorros disponibles, sigue siendo un desafío generalizado poder movilizar financiamiento a largo plazo a un costo razonable para equiparar los riesgos del ciclo del proyecto de infraestructura, al igual que asegurar que el financiamiento esté bien alineado con los criterios de sostenibilidad.

Enfrentar estos dos desafíos requerirá esfuerzos armonizados en varios frentes y mejores La infraestructura sostenible (IS) ahora es reconocida como una base esencial para lograr un crecimiento inclusivo y sostenible, cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y alcanzar las metas del Acuerdo de París de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. El mundo necesita aumentar las inversiones en infraestructura sostenible para hacer frente a grandes déficits en los servicios de infraestructura, especialmente en los mercados emergentes y los países en desarrollo; responder a los cambios estructurales que están en marcha, especialmente la urbanización; y acelerar el reemplazo de la infraestructura antigua y contaminante. En total, se necesitan alrededor de US$ 90 billones de inversión en infraestructura en todo el mundo entre 2015 y 2030, lo que supera la reserva de capital actual (NCE, 2016).

Con esa escala de inversión requerida y la breve oportunidad de detener el cambio climático, no podemos permitirnos quedar atascados con tecnologías contaminantes y capital ineficiente (IPCC, 2018). Tenemos una breve oportunidad de comprender los potenciales beneficios que pueden surgir al hacer el cambio a esta nueva via de crecimiento y desarrollo sostenible (NCE 2018; OCDE, Banco Mundial y Naciones Unidas para el Medio Ambiente 2018). Esta urgencia se ve aún más realzada por un presupuesto global de carbono reducido, que es consistente con los compromisos de mantenerse por debajo de de las dimensiones y atributos clave que, en conjunto, definen la infraestructura sostenible.

El documento se basa en un escrutinio exhaustivo de la literatura, en una revisión de la gran variedad de herramientas y estándares que se han desarrollado, en discusiones en profundidad dentro del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y con otros bancos multilaterales de desarrollo (BMD), y en el trabajo analítico de los autores. La definición de infraestructura sostenible propuesta en este documento se basa en dos enunciados principales. Primero, la sostenibilidad de la infraestructura debe tener en cuenta los beneficios y los costos de la inversión a lo largo de todo el ciclo de vida del proyecto, incluyendo todas las externalidades, positivas y negativas. En segundo lugar, la sostenibilidad debe evaluarse en todas las dimensiones relevantes.

Existe un acuerdo de larga data de que la sostenibilidad debe integrar los impactos económicos/financieros, sociales y ambientales de un proyecto. Este documento adiciona la dimensión de la sostenibilidad institucional, dada su importancia para las otras tres dimensiones y para la efectividad e impacto a largo plazo del proyecto. Además, el documento reconoce que la resiliencia y la innovación tecnológica deben desempeñar un papel más predominante en el diseño y operación de los activos de infraestructura, dadas las crecientes vulnerabilidades espaciales y el ya evidente impacto del cambio climático.

Finalmente, la infraestructura sostenible debe prestar especial atención a la preservación y reconstrucción del capital natural y a las soluciones basadas en la naturaleza. En consecuencia, el documento propone la siguiente definición de infraestructura sostenible: alianzas, incluyendo una fuerte participación del sector privado. En primer lugar, hay una gran agenda inconclusa para fortalecer el marco institucional y de políticas públicas en las etapas iniciales o preliminares (upstream) en la mayoría de los países que debe consolidarse para desencadenar inversiones, atraer al sector privado y garantizar un enfoque claro en la sostenibilidad desde el principio. En segundo lugar, cada proyecto individual debe ser diseñado, construido, operado y desmantelado en función de criterios de sostenibilidad. Ha habido un enfoque de larga data en las salvaguardias para asegurar que los proyectos no causen daños sociales o ambientales y tengan buenos acuerdos de gobernabilidad.

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