La Comisión Europea se esfuerza estos días en demostrar que la salida de esta crisis será diferente a la de la Gran Recesión. Lo prueba con el tono, el mensaje y, sobre todo, las decisiones para superar la caída en picado provocada por el Covid-19, en comparación con la respuesta que siguió al estallido de la burbuja inmobiliaria de 2007-2008. El Ejecutivo comunitario reconoce «errores» en aquella época, cuando el ajuste para sanear las cuentas fue tan brusco que la UE volvió a pinchar en 2012.
Según una publicación de elEconomista.es, un elemento crucial para juzgar hasta qué punto Bruselas realmente ha aprendido la lección será la condicionalidad adherida para acceder a los 560.000 millones de euros del instrumento para la recuperación y resiliencia, el principal pilar de los 750.000 millones del paquete presentado la semana pasada para salir del agujero. De ellos, 310.000 millones serán ayudas a fondo perdido, que los Estados miembros no tendrán que reembolsar.
Estos días, la Comisión ha hilado muy fino para mostrar que no se volverá a la austeridad del pasado; pero, al mismo tiempo, para ganar el apoyo de los ‘duros’ del Norte a un paquete que les gusta poco, advirtiendo que los países no tendrán las manos libres para gastar o, más bien, malgastar el dinero de la recuperación. Europa no se endeudará en una cifra récord para subvencionar ‘planes E’. Por eso, el documento de la propuesta del nuevo instrumento fija los criterios de los planes que tendrán que presentar los Gobiernos para acceder a los fondos.