Buque petrolero zarpó de Rusia hacia Nueva York con 40.000 toneladas de diésel tras giro histórico ante crisis energética global y elecciones en EE.UU.
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La crisis energética global está dejando imágenes que quedarán para la historia, aunque el trasfondo sea más simbólico que otra cosa. Si se atiende solo a los hechos puntuales ocurridos esta semana, se podría decir que Rusia salió al rescate de EE.UU. Un petrolero rebosante de diésel ruso ha zarpado rumbo a EEUU en un movimiento de enorme simbolismo político y económico que refleja hasta qué punto se ha deteriorado el mercado internacional de productos refinados. EE.UU., el mayor productor de petróleo del mundo, es incapaz de producir suficiente diésel para mantener a raya los precios dentro del país. La crisis es global. La capacidad de refino mundial se ha reducido en los últimos meses entre dos y cuatro millones de barriles (paradójicamente, Rusia es uno de los países más dañados por los ataques ucranianos contra refinerías rusas), lo que está disparando el precio de los combustibles. Ahora, EE.UU., país que ha ayudado a Ucrania en su guerra contra Rusia, pide ayuda a Moscú para solventar un problema que el propio EE.UU. ha agravado con la guerra contra Irán. El mundo está loco, según publica hoy viernes 23 de octubre el diario español eleconomista.es.
Washington, que durante años ha tratado de aislar energéticamente a Moscú mediante sanciones, se dispone ahora a recibir combustible procedente de Rusia después del acuerdo alcanzado entre Donald Trump y Vladímir Putin. Según informa Reuters a partir de los datos de seguimiento marítimo de LSEG, el buque Agioi Fanendes, de bandera maltesa, cargó el pasado 22 de octubre unas 40.000 toneladas de diésel ultrabajo en azufre en el puerto ruso de Primorsk, en el mar Báltico, y navega hacia Nueva York, donde está prevista su llegada el próximo 7 de noviembre. Se trata de una operación especialmente significativa por producirse en plena guerra energética, cuando la escasez de combustibles refinados amenaza con convertirse en uno de los principales problemas de la economía mundial. Aunque el impacto apenas se notará en los mercados de diésel.
Detrás de este inesperado acercamiento entre Washington y Moscú se encuentra una urgencia económica y electoral (hay que lanzar mensajes alentadores a los votantes). El precio del diésel en EE.UU. se ha disparado hasta los 6,2 dólares por galón, un nivel extraordinariamente elevado que está castigando a transportistas, agricultores, empresas industriales y consumidores. A diferencia de la gasolina, el diésel es uno de los grandes combustibles de la actividad productiva, puesto que mueve buena parte del transporte de mercancías y de la maquinaria pesada. Su encarecimiento termina trasladándose a los costes logísticos, a los alimentos y, en última instancia, a la inflación.
Con las elecciones legislativas del próximo 3 de noviembre a la vuelta de la esquina, Trump está intentando contener esta escalada mediante medidas que hace unos meses parecían políticamente impensables. Según Reuters, la Administración estadounidense ha flexibilizado partes de una nueva legislación de sanciones contra Rusia y ha llegado a amenazar a Europa con prohibir las exportaciones estadounidenses de diésel si los gobiernos europeos no liberan más combustible de sus reservas de emergencia.
Giro en la estrategia comercial de Rusia
El acuerdo entre Trump y Putin supone, además, un giro relevante en la estrategia comercial de Rusia. Moscú se ha comprometido a levantar la prohibición de exportar diésel que había impuesto por iniciativa propia y a volver a abastecer los mercados internacionales, incluido el estadounidense. El pasado 9 de octubre, Trump anunció que Rusia exportaría inmediatamente 300.000 toneladas de combustible, equivalentes a unos 2,25 millones de barriles, a las que seguirían otras 500.000 toneladas en noviembre y un millón de toneladas adicionales poco después. El Gobierno ruso también ha puesto cifras a su capacidad de respuesta: el viceprimer ministro Alexander Novak aseguró la semana pasada que las exportaciones podrían alcanzar entre tres y 3,5 millones de toneladas mensuales antes de que termine el año, recuperando así los volúmenes habituales del país. La salida del Agioi Fanendes constituye una primera señal tangible de que el entendimiento político empieza a traducirse en cargamentos reales, aunque su llegada a EE.UU. todavía está pendiente.
El alcance histórico de esta operación se comprende mejor al recordar el proceso de ruptura energética entre Rusia y Occidente desde la invasión de Ucrania. En febrero de 2023 entró en vigor el embargo completo de la Unión Europea a las importaciones marítimas de productos petrolíferos rusos, una medida que obligó a Moscú a redirigir buena parte de sus exportaciones de diésel hacia destinos como Brasil, Turquía y distintos países africanos. Durante años, el comercio de combustibles rusos quedó profundamente reorganizado por las sanciones y las restricciones occidentales. Ahora, sin embargo, la crisis mundial de productos refinados está alterando las prioridades de Washington.
No solo para EE.UU.
Esta apertura del crucial grifo exportador ruso de diésel no es solo para EE.UU. Después de tres meses con el caudal tapado por los ataques de drones ucranianos a refinerías que han exacerbado la escasez local de combustible, Moscú ha dado un giro de 180 grados. Según informaciones recogidas en los medios internacionales, otros países parecen estar volviendo a abastecerse de diésel ruso. Reuters informa, citando datos de transporte marítimo de Kpler y LSEG, que dos buques cisterna, cada uno cargado con 300.000 barriles de diésel, zarparon del puerto ruso de Primorsk, en el Báltico, con destino precisamente a Brasil y Turquía. Se informa también de que Marruecos también está importando diésel ruso nuevamente.
Alivio para Europa, pero poco
Según los analistas de materias primas de Commerzbank Research, estos envíos aliviarán la presión sobre Europa, ya que los países mencionados tendrían que comprar menos diésel a EE.UU. y otros países. Sin embargo, matizan enseguida, es dudoso que se vuelvan a alcanzar los volúmenes de exportación de más de 800.000 barriles diarios logrados antes de la prohibición.
«Para que esto suceda, tendrían que cesar los ataques mutuos contra la infraestructura energética, y actualmente no hay indicios de que esto vaya a ocurrir. Por este motivo, los precios del diésel y los márgenes de refinación han mostrado hasta ahora poca reacción a la reanudación de las exportaciones de diésel desde Rusia», explica su analista Carsten Fritsch.
Desde BCA Research recuerdan que las exportaciones de productos refinados de Oriente Medio se sitúan por debajo del 60% de los niveles previos a la guerra y ese agujero es muy difícil de tapar con la tímida y dubitativa apertura del grifo ruso: Ucrania ha dicho que volverá a atacar las refinerías. «Es poco probable que las respuestas políticas aporten alivio, ya que el compromiso del que se ha informado de que Putin liberará gasóleo ruso solo cubre el equivalente a unos pocos días de exportaciones de 2025», hacen énfasis desde la casa de análisis canadiense.
Apuesta política/diplomática?
Otras voces expertas insisten en que el entendimiento entre EE.UU. y Rusia por el diésel obedece más a una apuesta política/diplomática que a una mera medida energética. «El beneficio más significativo probablemente sea interno: brindar cierto respaldo político a los republicanos en un tema clave durante este ciclo electoral, independientemente de si llegan o no cantidades significativas de petróleo. Esto conlleva la presión implícita sobre Kiev para que renuncie a una de sus pocas herramientas de presión contra la economía de guerra rusa, una decisión que, en última instancia, recaerá en Kiev», interpreta en clave geopolítica Reed Blakemore, director de investigación y programas del Centro de Energía Global del think tank Atlantic Council.
Volviendo a los precios, Blakemore tiene claro que la tensión generalizada en el mercado persistirá. «Incluso en las mejores condiciones, la recuperación de las exportaciones rusas de diésel tardará en compensar la escasez de producto asociada al estrecho de Ormuz, donde el tránsito de crudo se ha recuperado gradualmente en las últimas semanas pero las exportaciones de productos refinados (incluido el diésel) siguen siendo escasas. Por consiguiente, la trayectoria de esta decisión no se aclarará hasta después de las elecciones de mitad de mandato, cuando se modere la presión política en torno a los precios del diésel», resuelve.