Actuar estratégicamente en las definiciones de política exterior es una condición indispensable para nuestro país considerando su ubicación geográfica y entorno regional. Paraguay debe orientarse a consolidar su inserción competitiva, aprovechando nuevas oportunidades de integración en materia de cadenas regionales de valor y apoyando la integración regional, publicó en su blog la ministra de Hacienda, Lea Giménez.

Esto, debe ir más allá que el simple incremento de los flujos comerciales y pasar a considerar temas como la facilitación comercial, integración productiva, física, energética y financiera; cuestiones sobre seguridad, telecomunicaciones y gobernabilidad. Tener en cuenta estos elementos, contribuirá a desarrollar la plataforma institucional y económica del Paraguay con miras a su vinculación con los principales centros comerciales mundiales a través de las cadenas globales de valor y su participación en acuerdos de asociación económica de nueva generación, agrega.

La situación integracionista de América Latina estuvo caracterizada por una transformación en la última década, donde los sistemas de integración tradicionales, como el MERCOSUR, la Comunidad Andina o el Sistema Integrado Centroamericano (SICA) se fueron complementando. Luego, se creó la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) en el 2004 con énfasis en los elementos ideológicos por iniciativa de Venezuela, pasando por la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en el 2008 a instancias del Brasil como prueba de su emergencia regional, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en el 2011 como un relanzamiento de la unidad del continente sudamericano y la Alianza del Pacífico[1] con una clara orientación pragmática de índole económica (Colomer, M. 2015).

Por su parte, Paraguay fue siempre un país muy abierto en términos comerciales[2], incluso con una apertura muy superior al promedio del MERCOSUR y al Resto de América. Sin embargo, esta misma regularidad no se observa en el comercio intra-MERCOSUR e intra-América Latina, donde las participaciones en el total comerciado fueron de solo 14% y 5% respectivamente, cifras muy inferiores a los promedios de la Unión Europea (63%) y la ASEAN[3] (47%).

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La República del Paraguay ha optado por una integración comercial vía sistemas de integración multilateral, enfocada en los socios comerciales naturales de la región, como es el caso del Mercosur, explicado por factores políticos y económicos.

Al respecto, quizás es común escuchar en la prensa: “el MERCOSUR no sirve” o “porque no salimos del MERCOSUR”. A pesar de las trabas que se han dado al comercio del bloque, se evidencia que el MERCOSUR sigue siendo el primer socio comercial del Paraguay y que nuestro país sacó provecho de los acuerdos firmados con terceros países. Solo en el caso del Brasil, además del comercio importante ya existente, recientemente se ha intensificado la integración económica con la presencia de nuevas industrias manufacturas del citado país en el Paraguay.

Por ello, antes que salir o quedarse, lo que debería plantearse es la redefinición del objetivo final del bloque y con qué ritmo se llegaría a dicho fin. De hecho, bien puede decirse que el MERCOSUR fue concebido con objetivos de integración muy ambiciosos (mercado común) y que no se desarrolló un marco institucional apropiado para llevar adelante el plan inicial. También, los países enfrentan dificultades para ceder soberanía sobre las decisiones de política comercial y para avanzar en la armonización de las políticas macroeconómicas contempladas en el Tratado de Asunción, principalmente debido a las asimetrías estructurales[4] existentes entre los Estados Parte, así como la naturaleza competitiva de las economías.

De hecho, los países del bloque han tenido esfuerzos muy aislados a la hora de fortalecer su institucionalidad y preparar sus recursos productivos para enfrentar los desafíos que impone la internacionalización. Aún queda mucho por avanzar en lo que respecta a la coordinación entre las políticas internas y externas que posibiliten una mayor integración de cadenas de valor regionales, faciliten el comercio y permitan mitigar los costos que impone la globalización. En ese sentido, hay que considerar que las políticas de integración y comercial, de alguna manera están en consonancia con las políticas industriales o de desarrollo productivo. Esto permitiría una inserción más competitiva de la economía paraguaya hacia el mundo.

Sin embargo, a pesar de todas estas debilidades mencionadas, la membresía del MERCOSUR todavía puede resultar muy beneficiosa para Paraguay, considerando que es más fácil para nuestro país estar aliado a sus socios comerciales naturales y ser partícipes del mercado ampliado para comerciar con los grandes agentes del comercio mundial, más aún en un escenario en el cual la agenda externa del bloque está tomando una nueva dirección (Unión Europea, Canadá, Corea del Sur, Asociación Europea de Libre Comercio -EFTA-). Incluso, en el contexto multilateral (OMC[5]), nuestra voz será mucho más potente si hablamos como MERCOSUR y no solo como Paraguay, más ahora considerando las reformas para aumentar la competitividad agrícola de los países en desarrollo adoptadas en la Conferencia Ministerial de Nairobi de 2015[6] y el Acuerdo Multilateral de Facilitación del Comercio de la OMC[7].

Por su parte, Paraguay debe seguir la nueva hoja de ruta hacia el desarrollo que contiene múltiples facetas que van más allá de lo puramente comercial. Entre ellas se destacan las iniciativas acordadas por los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas tales como “La Agenda de Acción de Addis Abeba sobre Financiamiento para el Desarrollo” y “La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, que ponen énfasis en la erradicación de la pobreza, la protección del planeta y la prosperidad para todos los habitantes como ejes de un plan cuyas metas deberán alcanzarse en los próximos 15 años.

En definitiva, independientemente del formato de integración económica que se elija, lo primordial para el país es insertarse de manera constructiva en la región aprovechando los acuerdos comerciales y la sinergia existente en las cadenas globales de valor para construir una plataforma productiva con proyección internacional, promoviendo un comercio internacional más inclusivo, justo y sostenible, e integrando los planes nacionales a los nuevos planes de desarrollo económico acordados a nivel internacional, concluye la secretaria de Estado.

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