Los países de América Latina y el Caribe tienen una extensa historia de shocks adversos graves, que incluyen fuertes caídas en los precios de los productos primarios, un endurecimiento drástico de las condiciones financieras y grandes desastres naturales. El entorno externo actual de la región muestra semejanzas con dicha historia, lo que implica que la experiencia previa sobre el impacto de los shocks en las economías nacionales puede ser muy valiosa. Pero la epidemia de Covid-19 añade una nueva dimensión, ya que las medidas necesarias para contener el brote de la epidemia también dan como resultado un gran shock de oferta, según un informe semestral del Banco Mundial denominado «La economía en los tiempos del Covid-19».
En otras palabras, la actividad económica se ve interrumpida no solo por los acontecimientos en el extranjero, sino también porque la gente deja de trabajar y comerciar para reducir el riesgo de contagio. Esta combinación de un shock de demanda, un shock financiero y un shock de oferta no tiene precedentes, y hace que sea muy difícil pronosticar la magnitud exacta de la recesión que se avecina. A la incertidumbre también se le agrega una dimensión temporal. Aunque no se puede descartar una recuperación rápida, la magnitud de las alteraciones económicas provocadas por la epidemia de Covid-19 es tal, que esta podría tener efectos a largo plazo. Quizá resulte tentador concebir las medidas de contención como vacaciones forzosas y no remuneradas de varias semanas hasta que la actividad vuelva a la normalidad cuando estas se suspendan. Pero mientras tanto, muchas empresas se declararán insolventes a medida que continúen haciendo frente a los costos (arrendamientos, seguros, impuestos, pagos de intereses, y otros) al mismo tiempo que sus ingresos se desploman.
Una vez que se desate una situación de bancarrota en cadena, las consecuencias económicas podrían amplificarse. Las instituciones financieras podrían correr riesgo a medida que se incremente la morosidad de la deuda, los hogares podrían perder la confianza y aumentar sus ahorros precautorios, e incluso las empresas con solvencia podrían suspender sus inversiones. Un congelamiento temporal de la economía para desacelerar la propagación de la epidemia de Covid-19 podría convertirse en un shock permanente y, en lugar de una recuperación rápida, la economía podría sucumbir a una recesión prolongada. Las proyecciones de crecimiento de los bancos de inversión y las consultoras en la región reflejan tanto el creciente pesimismo sobre el desempeño económico en 2020 como también la creciente incertidumbre sobre la magnitud de los shocks. En todos los países de América Latina y el Caribe para los cuales se dispone de un número suficiente de proyecciones, las mismas se han revisado a la baja en varios puntos porcentuales en apenas unas pocas semanas. Solamente en el caso de Argentina la revisión a la baja empezó a gestarse mucho antes, lo que refleja la incertidumbre sobre el proceso de renegociación de la deuda y su impacto en las perspectivas macroeconómicas.
La dispersión de las estimaciones también se ha ampliado considerablemente durante las últimas semanas. Es probable que estas dos tendencias continúen cuando el bloqueo, en la economía doméstica y en el extranjero, se extienda y posiblemente se endurezca. Los canales por los que los shocks externos adversos afectarán a las economías nacionales varían de un país a otro. Las medidas de contención tomadas para frenar la propagación de la epidemia se han traducido en una fuerte desaceleración del crecimiento económico en China y entre los países del G7, dos potencias económicas cuyo desempeño tiene un impacto muy directo en el crecimiento de América Latina y el Caribe. Pero algunos países de la región dependen más de China, mientras que otros resultan más afectados por las economías del G7.
También se puede esperar que los precios de los productos primarios disminuyan bruscamente, lo que tendrá consecuencias negativas para una región cuyas exportaciones dependen en gran medida de los recursos naturales. Pero algunos países son exportadores de petróleo, mientras que otros son importadores, y para estos el colapso de los precios del petróleo puede brindar algo de alivio. El tráfico aéreo se ha desplomado, dada la cancelación masiva de vuelos para evitar la propagación del virus. En consecuencia, el turismo ha sufrido un colapso. Es probable que esto tenga un impacto adverso en los países de la cuenca del Caribe, aunque menor en otros.
Una forma de evaluar de qué manera afectarán estos múltiples shocks externos a las economías de América Latina y el Caribe es calcular las elasticidades parciales del crecimiento económico en cada país con respecto a indicadores como el crecimiento de China y las economías del G7, los precios de los productos primarios, los precios de la energía, las condiciones de financiación y el transporte aéreo.